Acabáis de entrar en Villa Vampiro, un lugar oscuro y peligroso, donde podréis descargaros películas y series vampíricas.

Dejáros sumergir en este mundo sangriento, dónde hayaréis una gran variedad de imágenes de estos seres tan intrigantes, que no os dejarán indiferentes.

Deleitáros también con los espectaculares relatos basados principalmente en estos seres, que aquí encontraréis. No podéis perder la oportunidad de hincarles el diente a estas historias que os producirá un sublime escalofrío.

Llevad cuidado en estas tierras malditas y evitar caminar por aqui cuando la noche haya caido y un manto oscuro cubra el cielo, por que os podréis encontrar con un abanico de blogs vampíricos que os pueden engatusar.

En definitiva, os aviso que, una vez que entréis en este blog nacido de las tinieblas donde la sangre es un rico manjar, acabaréis enganchados al mismo y todos los días sentiréis la necesidad de venir nuevamente por estos lares para dejaros seducir por l@s vampir@s que aquí habitan... ¿Te atreverás a conocerl@s?, si es así, adelante... "Villa Vampiro" os invita a que profanéis sus tierras... ¡Sean Bienvenidos!

P.D: Queridos Colmilleros, si conocéis de algún otro blog vampirico, alguna otra película o serie que no aparezca en VILLA VAMPIRO, o cualquier otra cosa relacionado con estos seres y que creáis que debería aparecer aquí, hacer el favor de decírmelo. Gracias

Mis Seguidores Colmilleros

jueves, 24 de noviembre de 2011

RELATO PARTICIPANTE Nº 5 BY JJ CAMPAGNUOLO

El efecto vampírico 

 


Cansado de tanta incertidumbre, Kiko Zamora se alejó del ordenador dirigiéndose a la cafetera. Se sirvió la cuarta taza de café que se tomaba en menos de una hora, sabiendo que su ansiedad iba a volverlo loco.
Revisó por décima vez el reloj fijándose que ya era hora de marcharse, pero no se iría hasta no tener alguna noticia, en su casa no contaba con internet.
Volvió a sentarse frente al ordenador con la taza humeante apresada entre sus manos. Ya había perdido la cuenta de las cantidades de veces que había revisado su correo electrónico, si nuevamente lo encontraba vacío no sabía lo que iba a suceder. Ya no soportaba más angustia.
Pegó un respingo involuntario esparciendo el ardiente café sobre su ropa pulcramente lavada y planchada, sobre el ordenador, la mesa, la silla y hasta en el suelo. Maldijo decenas de veces en voz muy baja, mientras intentaba limpiar un poco el desorden.
Pero la ansiedad lo venció. Dejó a un lado la servilleta que había utilizado para secar el café y se dispuso a revisar el correo que desde hace horas estaba esperando.
Positivo mi tigre, hoy a las diez nos vemos en Galenos…
Poco le faltó a Kiko para caer infartado por la impresión. Nervioso, se levantó de la silla y comenzó a caminar por toda su minúscula oficina como un león enjaulado. Había logrado convencer a su amante cibernética de encontrarse en una disco para “hacer realidad sus fantasías”, ya no había oportunidad de arrepentimientos.
¿Y si se entera Martica?, pensó angustiado.
De manera automática, apartó rápidamente esa idea de su mente. Convenciéndose de que eso le pasaba a la muy tonta por haberlo rechazarlo tantas veces. Ahora, él estaba dispuesto a tener a otra mujer, mucho mejor que ella. Y ella seguiría sola, amargada por su terquedad.
Después de alejar de su alma cualquier sentimiento de culpa y pena, comenzó a recoger sus cosas para marcharse. Debía prepararse muy bien para esa ardiente cita.
En su casa, después de pasar horas en el baño, dejando su piel enrojecida de tanto que restregó la pastilla del jabón de avena para quedar limpio y perfumado. Se paro frente al espejo ensayando sus poses de macho seductor.
Aspiró todo el aire que pudo inflando su huesudo pecho, ocultando la panza. Enderezó sus delgados y caídos hombros presionando sus brazos para hacer notar sus escasos músculos. Engominó sus ensortijados cabellos hasta dejarlos tan duros como el cemento, asegurándose de que ninguno se saliera de su sitio mientras él conquistaba a su enigmática dama.
Sonrió haciendo brillar los ganchos de acero que trataban inútilmente de enderezar sus torcidos dientes, imaginándose cómo la deslumbraría cuando entrara en la disco.
Muy optimista, se vistió con las mejores ropas que su madre le había planchado. Pero antes de marcharse no podía dejar de aguijonear a Martica para que se diera cuenta del excelente hueso que había perdido, por andar detrás de un filete de primera.
Tomó el teléfono y la llamó, recibiendo un habitual “Uhmm” como respuesta.
-Martica cariño, me voy de parranda con una amiga que conocí por internet.
-Ok.
-No te voy a extrañar, aunque me hubiera encantado que estuvieras a mi lado.
-A mí también me hubiera encantado estar ahí. Así me burlaba de la cara de idiota que terminarías poniendo al darte cuenta que la chica nunca aparecería.
Kiko no pudo evitar reír como un estúpido por los celos desgarrados de su Martica. Esto lo hacía como una lección para la mujer, pero en el fondo él sabía que la única sería ella.
Sin más dilataciones, se despidió de su adorada novia y se fue directo a la disco, donde lo esperaba Cleopatra, la hermosa, exuberante y divertida mujer que había conquistado en un chat.
Adentro, la música dance invadía el ambiente. Kiko estaba solo en una pequeña mesa cerca de la barra, bebiéndose la tercera cerveza de la noche. Cleopatra tenía cuarenta y siete minutos de retraso, aunque eso aún no lo preocupaba. Sabía que a las mujeres les fascinaba hacer esperar a los hombres.
Para entrar en calor y no aparentar ser un idiota, terminó de beberse rápidamente el resto de la cerveza que aún quedaba en el vaso y con mucha determinación se dirigió a la pista, batiendo sus brazos sobre su cabeza y sacudiendo sus caderas al estilo Ricky Martín. Aunque por sus torpes movimientos, daba la impresión de sufrir una fuerte dislocación del hueso.
Con energía comenzó a realizar sus muy ensayadas rutinas de baile, imitando a Jhon Travolta en Fiebre de Sábado por la Noche. Habitualmente esos espectáculos los realizaba en las fiestas familiares, frente a sus arcaicas tías, su madre y su Martica. Pero hoy era diferente, hoy se sentía un miembro más de la sociedad.
Cuando se encontraba en medio de su más exigente rutina, pudo notar a una despampanante rubia que se acercaba a él con mucha sensualidad, sacudiendo sus caderas de forma sugestiva, mostrándole su extravagante descote pasando sus abultadísimos pechos muy cerca de su rostro.
El hombre no sabía qué hacer, miraba embobado a la exuberante mujer mientras intentaba coordinar sus pasos.
La rubia se acercó clavando sus hipnóticos ojos esmeraldas en los suyos. Engulléndolo completamente.
-Mi querido Roco.
Kiko quedó inmóvil y blanco de la impresión en medio de la pista. Aquel ángel de cabellos de oro lo llamó por su nombre cibernético, con una voz sensual y erótica.
-¿Cleopatra?.
La mujer asintió sonriéndole divertida, disfrutando a lo grande aquel baile.
Kiko quedó por unos segundos atontado, aquello había superado sus expectativas.
-¿Cómo… cómo me reconociste?.
-Dime si ves a alguien más con corbata purpura estampada con pequeñas mariposas amarillas.
Él sonrió avergonzado, pensando que aquello era un cumplido. Aquella corbata fue la única prenda de vestir que se le ocurrió colocarse para que ella lo reconociera entre la muchedumbre.
Sin pensarlo dos veces, siguió a la hermosa rubia hasta su mesa, logrando pasar la noche más maravillosa de su vida.
Cleopatra no había ido sola a la disco, estaba con sus tres hermanas, tan despampanantes y preciosas como ella. Todas con abultados senos, que él podía notar muy bien ya que estaban a la altura de su rostro.
Esas mujeres estaban hechas a su medida.
Las cervezas iban y venían, hasta que perdió la conciencia despertando al día siguiente en una habitación oscura de hotel, desnudo y enrollado en finas sábanas de seda junto a las cuatro hermanas.
Casi sufrió un paro cardiaco al darse cuenta de la escena. Lentamente salió de la cama para no despertarlas vistiéndose con dificultad. Cuando salió del hotel eran ya las once y media de la mañana, comprendiendo que había perdido un día de trabajo.
El sol molestó su vista, obligándolo a perseguir las sombras para indagar su camino. Su cabeza estaba a punto de estallarle y el estómago se le revolvía como una lavadora en ciclo rápido.
No podía ir a su casa, si su madre lo pillaba con aquella facha como mínimo lo sacaría de su testamento. Un Zamora nunca podía abusar de la bebida. Eso era pecado.
Así que se dirigió a la casa de su Martica, tocando insistentemente la puerta. A los pocos minutos, una mujer regordeta, vestida con un pijama de pantalón, con los cabellos rojos hechos una maraña en la cabeza y las pecas inundándole el rostro, lo recibió con cara de pocos amigos.
-¿El hidalgo Zamora se dignó visitarme?.
-Necesito tu ayuda.
Martica lo miró de pies a cabeza con repulsión, luego lo dejó entrar en su casa. Kiko estaba nervioso y enfermo. Comenzaba a ser consiente de lo que había hecho.
La mujer se paro firme en medio de la sala, cruzando sus brazos en su pecho, mirándolo con fastidio.
-¿Qué hiciste ahora?.
-Si mi madre me encuentra con estas fachas me corre de la casa.
-Quizás eso ayudará a que te madure la gallardía.
Kiko comenzó a caminar nervioso por la sala, frente a la mirada incrédula de Martica.
-¿Qué pasó en tu cita?.
Iba a responderle a su novia quedando con la boca abierta. Se dio cuenta que no tenía nada qué decir, no tenía la más mínima idea de cómo había llegado a un cuarto de hotel con cuatro exuberantes bellezas.
-¿Qué tienes en la boca?.
Martica se acercó a él curiosa. Kiko rápidamente indagó en su boca para detectar lo que llamó su atención, pinchándose con sus colmillos.
Entró en pánico, aquellos afilados dientes no los tenía la noche anterior.
Sorprendida, Martica tomó con brusquedad su rostro entre sus manos mirándolo detenidamente.
-¿Qué hiciste tonto? Ahora eres un vampiro.
Kiko sintió a su corazón palpitar con fuerza por el miedo. Se acercó a un espejo, volviendo a apreciar su figura enclenque, su rostro debilucho y sus hierros apresando sus dientes. Pero esos colmillos hasta para él eran intimidantes.
-Esto debe ser una broma de mal gusto. Los vampiros están muertos, son hermosos, no pueden reflejarse en el espejo ni salir cuando hay sol. Yo no cumplo con ninguna de esas condiciones.
Martica reía divertida.
-Como voy a disfrutar viendo a Gertrudis Zamora escandalizarse, cuando se entere que su santo hijo se transformó en un feroz vampiro.
Kiko se alarmó al imaginarse a su madre enterarse de la excesiva parranda que había tenido, de su noche de lujuria con cuatro hermanas y de su nuevo estado demoniaco.
Sería capaz de llevarlo ante el primer cura que se consiguiera para realizarle un exorcismo doble, con una buena dosis de flagelación que seguramente ella misma estaría encantada de darle, para que enderece nuevamente sus pasos.
-¡No!, mi madre no puede enterarse de nada. Tienes que ayudarme, necesito darme un baño y tomar algo que me quite el olor a cerveza… Además, necesito arrancarme estos dientes.
Kiko hizo fuerza para extirparse uno de los colmillos, pero lo único que consiguió fue dolor. Martica se reía sin parar, disfrutando enormemente con la escena.
-Ve a darte un baño, que yo me comunicaré con Cobra. Él te ayudará con el tema de los dientes.
Un frío estremecimiento sacudió a Kiko. El Cobra era un hombre sin compasión, de dos metros de alto y doscientos kilos de peso, con más cuerpo que cerebro y gran amigo de Martica.
Pero no podía hacer nada. Necesitaba una ayuda rápida y el Cobra era el único que podía dársela.
Al poco rato mientras se dirigía a la casa de Cobra acompañado de su incomparable novia, se topo con un extraño hombre que se escondía entre las más oscuras sombras. Martica se detuvo en un kiosco para comprar algo con qué calmar su glotonería dándole oportunidad al extraño hombre, de una belleza radiante, cuerpo varonil y sonrisa arrebatadora, para llamarlo con insistencia.
Kiko se acercó con precaución, con el corazón palpitándole fuertemente en la garganta.
-Dígame.
-Debes volver conmigo lo más pronto posible.
-¿A dónde?, ¿quién eres?.
-Un amigo de Idolatra.
-¿Idolatra?.
-La rubia con la que estuviste anoche, imbécil.
Kiko retrocedió nervioso, sintiendo un frío estremecimiento recorrerle la piel. Martica comenzó a llamarlo fastidiada para reiniciar su camino, dándole una buena excusa para alejarse de ese extraño.
-Tengo que irme.
-Si no regresas antes del anochecer ella vendrá a buscarte y eliminará a tu estúpida novia.
Con el terror erizándole la piel, Kiko retrocedió un poco más.
-Nunca podrá encontrarnos.
-Puede oler tu sangre idiota. Anoche bebió bastante de ti.
Nervioso, intentó alejarse, pero la curiosidad era más fuerte. Necesitaba entender algunas cosas.
-¿Por qué ella no vino personalmente?, ¿por qué estás tú aquí?.
-Ella me envió. A los vampiros más viejos les afecta el sol.
-¿A los nuevos no?.
-Claro que sí, idiota.
Ya Kiko se estaba cansando de tantas burlas, podía soportar las risas de Martica, en realidad, ella siempre se reía de él. Pero no lo iba a aguantar las bromas de ese extraño.
- Pues a mí no, entonces no soy ningún vampiro. Por tanto, ella no bebió ni una gota de mi sangre y no tengo porque ir a su encuentro.
El hombre rió con sonoridad, enfureciéndolo.
-El vampirismo saca a relucir lo peor de nosotros. Eres demasiado idiota para tener algo malo dentro de ti, pero eso no quiere decir que no estés infectado. Mírate en un espejo y te darás cuenta los colmillos que acabas de heredar.
-Deja de llamarme idiota.
Una furia desconocida se estaba apoderando de Kiko, tan extraña que hasta él mismo se intimidó.
-No sé que vio Idolatra en ti, eres desabrido, idiota y poco inteligente. Pero ella te quiere y si no vas a su encuentro es capaz de destruir la ciudad entera hasta que vuelvas a sus brazos.
A Kiko casi se le salieron los ojos de sus órbitas. Nunca en su vida alguien se había interesado en él, ni siquiera su Martica. Y ahora había una letal vampira amenazando a toda una ciudad sólo para tenerlo.
No pudo analizar más su situación por los gritos desesperados de Martica que resonaban en toda la calle. Kiko no sabía a quién temer más, si a la vampiresa asesina o a su novia.
Corrió a su lado, ignorando las risas burlonas del hombre, siguiendo su camino hacia la casa de Cobra para intentar enmendar un poco las cosas.
Horas después, regresaba a la casa de Martica, adolorido, magullado y aún con colmillos.
-Qué dientes tan fuertes. Ni siquiera se astillaron con los golpes que Cobra les dio con el mazo.
El nuevo vampiro caminaba desolado, cabizbajo y acongojado. Reprimiendo su desconocida ira.
-¿Qué te pasa?.
-Nada. Estoy decepcionado.
-¿Por qué?.
-Te has dado cuenta que todo lo que nos han dicho sobre vampiros es mentira. No soy más atractivo, ni tengo una actitud temible, lo único que puedo hacer es soportar algunos golpes, pero eso no me exime de sentir dolor. Si tengo que cargar esta maldición me hubiera gustado al menos ser… diferente.
Martica lo miró con pesar, no muy de acuerdo con lo que decía.
-Me parece que estas bien como estas.
-¿Cómo?.
- Así.
Ella lo señaló de pies a cabeza, sintiéndose un poco tímida. Kiko se ruborizó por el cumplido. Su Martica jamás le había dicho algo positivo de su apariencia.
Sintiéndose más poderoso, se irguió enderezando sus hombros, caminando al lado de su novia con orgullo. No sabía lo que se sentía ser atractivo, pero era muy agradable que la persona que más te interesaba te dedicara un cumplido.
-Deja de fanfarronear tonto. Ahora ¿qué vas a hacer?.
-No sé. Pronto será de noche, creo que tendré que hablar con Idolatra sobre mi situación.
-¿Idolatra?.
-La mujer que me convirtió en vampiro. Tendré que pedirle algunos consejos para ver qué puedo hacer o no con mi vida.
Martica lo miró confundida. Esperando obtener más explicaciones.
-¿Cómo te convirtió?.
-No sé. Me la encontré anoche en la disco, fue la mujer que conocí por internet. Esta mañana amanecí en su cama, desnudo, con sus tres hermanas y los colmillos largos.
A la mujer casi le dio un infarto por la noticia. Se detuvo bruscamente en la calle y lo miró con furia.
-¿Qué hiciste qué?.
-No hice nada. No recuerdo nada, sólo la manera en que desperté.
Ella lo fulminó con la mirada, pero prefirió ignorarlo y seguir su camino. Kiko se sintió mal, sabía que había metido la pata. Después de haber logrado exprimirle un cumplido le sale con la historia de la cama y las cuatro mujeres desnudas.
-Martica, te digo que no recuerdo nada. Ahora tengo que pensar cómo me quito a esa vampiro de encima.
-¿Por qué?.
-Dice que tengo que volver a ella, si no lo hago esta noche vendrá a buscarme y…
-¿Y qué, tonto?.
-Y amenazó con matarte si no lo hago.
-Ah ¿Sí?.
Martica se alegró por la noticia. Kiko no logró entender la razón, pero algo en el rostro divertido de la mujer le daba confianza.
-Vamos a mi casa. Allí planearemos la embestida.
El hombre quedó impactado. Él era el vampiro, el ser aterrador, dueño y señor de las sombras, pero Martica realmente daba miedo. No necesitaba de largos colmillos para ser intimidante.
Unas horas después ambos se encontraban en la casa de Martica esperando la llegada de Idolatra. La noche estaba un poco calurosa, pero para Kiko lo único que faltaba para justificar el frío helado del ambiente era que nevara.
-Deja los nervios.
-Si esa mujer es toda una asesina profesional, nos acabará en menos de dos segundos.
-Bahh… estoy segura que ni miedo trasmite.
-Según me dijo el hombre, sólo a los viejos vampiros les afecta el sol… y a los malvados. Esa mujer debe ser vieja y terrible.
-He vencido un par de veces a Cobra y a todos los imbéciles del barrio en competencias de lucha. Con ella será un paseo. Si te quiere tendrá que pelearte.
Kiko nunca en la vida hubiera imaginado que su Martica algún día estuviera dispuesta a luchar por él. Sintiéndose verdaderamente bien, se sentó a esperar a la muerte, mientras su novia afilaba un enorme cuchillo de cocina con una piedra de amolar.
De pronto, un vendaval arreció dentro de la casa. Y como todas las ventanas y puertas estaban cerradas, no fue difícil adivinar que aquel derroche de efectos especiales era la antesala de la llegada de Idolatra.
Kiko temblaba como gelatina aguada detrás de Martica, mientras la mujer, como toda una guerrera romana, se mantenía firme en su lugar. Mirando con aburrimiento la repentina aparición de la despampanante rubia.
-Roco, querido ven a mí.
Martica la observó incrédula, pensando que además de ser una vieja vampira estaba completamente loca.
-¿Roco?.
-Mi dulce de calabaza, te extrañé muchísimo.
-¿Hablas de Kiko?.
Kiko continuaba escondido detrás de Martica, muerto de miedo y espanto.
-Me hiciste pasar la noche más ardiente de los mil años que llevo de vida. No te dejaré ir tan fácilmente trocito de chocolate.
Martica estaba más que impresionada. Miraba con escepticismo a Idolatra, sin creerse sus palabras.
-¿Kiko te hizo pasar una noche ardiente?.
-Ven a mí dulce de limón, mis hermanas y yo estamos ansiosas por estar nuevamente entre tus brazos.
Idolatra se acercó para llegar a Kiko, pero Martica se interpuso fulminándola con la mirada.
-Olvídate de Kiko.
-Kiko murió, él ahora es Roco Graham, el ardiente dueño de mis deseos húmedos.
Aún más impactada, Martica seguía interponiéndose entre el aterrado vampiro y la vampiresa ardiente. No estaba dispuesta a dejarle ningún tipo de oportunidad, lucharía hasta la muerte.
-Déjalo que venga a mí.
-Él no quiere ir.
-Apártate bruja.
Idolatra estaba furiosa, dispuesta a llevarse a Kiko como sea. Pero Martica no lo iba a permitir.
Cuando la mujer se lanzó amenazante hacia ellos, Martica sacó de forma improvisada una estaca de madera, clavándola fácilmente en el pecho de la mujer.
Idolatra chilló como una loca histérica, sacudiéndose dolorosamente en el suelo. Kiko estaba pasmado y Martica decepcionada.
-Una de las leyendas más fuertes de la humanidad se derrumba ante mis ojos… qué aburrimiento.
Poco a poco, el cuerpo de Idolatra se fue convirtiendo en polvo, esfumándose en el ambiente.
-¡La mataste!.
-¿Qué esperabas?, ¿una despedida?.
Kiko aún mantenía la boca abierta por la sorpresa, apresando con un puño sus gritos de espanto. Martica lo único que hizo fue tomar la estaca y guardarla en un cajón.
-¿Por qué la guardas?.
-Por si llegan más vampiros.
Molesta, sacudió su ropa que se había llenado con un poco de hollín y se dirigió hacia Kiko.
-Ahora vamos.
Él la miró confundido, impactado y algo decepcionado.
-¿A dónde?.
-A la habitación. Te he aguantado por cinco años ¿y es con otra mujer con quien pasas noches ardientes? .Y a mí lo único que me entregas son tardes frías, aburridas y monótonas.
Al hombre casi le da un soponcio por la impresión. Su Martica nunca había mostrado interés en él y ahora parecía estar… ¿Celosa?.
-¡Muévete!.
No necesitaba más órdenes para seguirla. El efecto vampírico le llegó justo en el momento en que acató la orden, sintiendo a sus colmillos afilarse hasta el extremo.
No sabía lo que había hecho la noche anterior, pero de alguna manera lo repetiría.
El vampirismo saca lo peor de nosotros, pero él no tenía nada malo que sacar… a menos que su Martica se lo ordenara.




2 comentarios:

  1. Dulce , nose si esto que acabo de leer entra en algun concurso o no , o es tuyo , pero lo veo genial - si es `para puntuar , le pongo un 10/-
    un saludo y buen finde semana

    ResponderEliminar
  2. jj camponologgno o algo asi , enhorabuena - apuesto por ti-

    ResponderEliminar

ir arriba dietas para adelgazar