Acabáis de entrar en Villa Vampiro, un lugar oscuro y peligroso, donde podréis descargaros películas y series vampíricas.

Dejáros sumergir en este mundo sangriento, dónde hayaréis una gran variedad de imágenes de estos seres tan intrigantes, que no os dejarán indiferentes.

Deleitáros también con los espectaculares relatos basados principalmente en estos seres, que aquí encontraréis. No podéis perder la oportunidad de hincarles el diente a estas historias que os producirá un sublime escalofrío.

Llevad cuidado en estas tierras malditas y evitar caminar por aqui cuando la noche haya caido y un manto oscuro cubra el cielo, por que os podréis encontrar con un abanico de blogs vampíricos que os pueden engatusar.

En definitiva, os aviso que, una vez que entréis en este blog nacido de las tinieblas donde la sangre es un rico manjar, acabaréis enganchados al mismo y todos los días sentiréis la necesidad de venir nuevamente por estos lares para dejaros seducir por l@s vampir@s que aquí habitan... ¿Te atreverás a conocerl@s?, si es así, adelante... "Villa Vampiro" os invita a que profanéis sus tierras... ¡Sean Bienvenidos!

P.D: Queridos Colmilleros, si conocéis de algún otro blog vampirico, alguna otra película o serie que no aparezca en VILLA VAMPIRO, o cualquier otra cosa relacionado con estos seres y que creáis que debería aparecer aquí, hacer el favor de decírmelo. Gracias
villa

vampiro

Mis Seguidores Colmilleros



sábado, 5 de noviembre de 2011

RELATOS VAMPÍRICOS XIII



El Diablo Viste De Prada y La Muerte Lleva Espátula
-¡¡Fiestaaaaaaaaa!! –gritó en mi oído la loca de mi mejor amiga. Cloe era una chica de lo más desinhibida  y adoraba la fiesta, bailar, gritar, beber y llamar la atención. Yo era todo lo contrario, y al igual que el resto del mundo no sabía cómo podíamos ser amigas. Pero lo éramos, por eso yo estaba metida en esa fiesta del demonio.
Acabábamos de entrar en la súper fiesta que organizaba el loco de clase. Blake era un chico un tanto raro, que siempre se sentaba al fondo de la clase y que apenas se relacionaba con los demás. Y eso que oportunidades no le faltaban. Su atuendo estaba monopolizado por el color negro, de la misma manera que era negro su pelo y sus ojos, los cuáles solía llevar rodeados por lápiz de ojos negro. Todo un bicho raro en nuestro tranquilo instituto. También se rumoreaba que escondía tatuajes en partes del cuerpo no visibles. Pese a todo, su aura de rareza y peligro aumentaba el interés de las féminas más arriesgadas, entre ellas Cloe, quien tan pronto nos dio la invitación aseguró que asistiríamos.
Bien, así que aquí estábamos, las dos vestidas con unos cortos vestidos, el de ella negro y el mío azul noche, medias y tacones. Su pelo recogido y el mío suelto, con nuestros pies sobre la alfombra que decoraba el vestíbulo de una gran casa. ¿Quién diría que Blake vivía en un sitio así?
Mucha gente había asistido a esta fiesta, al parecer celebrada para agradecer el fin del 
curso. Todo en el interior estaba oscuro, sólo las luces de colores de unos focos iluminaban a la gran masa de gente que bailaba en el centro del salón, del pasillo y de otra habitación que supuse que sería la cocina. Muchas de las personas que allí estaban eran desconocidos para mi, y algunos, por las pinta que traían, no me importaban que siguieran siéndolo.
Cloe tiró de mí y nos adentramos en la turba de gente que había en el salón. Cloe, con su sexto sentido pronto encontró a Blake.
-Mira, Sami, me encanta Blake, pero como a ti te hace más falta una aventura que a mí, te lo cedo. –dijo cerrando los ojos y poniéndose la mano en el pecho derecho con solemnidad.
-Cloe, el corazón está al otro lado. –le dije cansinamente.
-¿Si? Bueno, qué más da. ¡BLAKE! ¡VEN QUE TE PRESENTO A ALGUIÉN! –gritó de manera atronadora.
El aludido nos miró y se acercó con curiosidad. Si no fuera porque Cloe no sabía entonar podría a haberse dedicado a la opera. Sus pulmones eran formidables.
-Hola, veo que habéis venido. –nos saludo Blake cuando estuvo a nuestra altura.
-Por supuesto, una fiesta magnífica. –le felicitó mi amiga.
-Lo sé. –nos sonrió y pudimos ver sus colmillos. Ya he dicho que es un poco raro, y eso incluye una fijación por todo lo oscuro. Al principio todo el mundo se asombraba con el hecho de que afilara sus dientes, pero después de nueve meses compartiendo aula con él uno termina acostumbrándose.
-Hey, Matt me ha dicho que habéis organizado un paseo del terror o algo así. ¿Es cierto?
-Sí, sí. Ha quedado muy bien, me parece. Eso es lo que ha dicho la gente que lo ha visitado, yo todavía no he tenido el honor.
-¿Cómo? Pues eso no puede ser. –le regañó Cleo. –Ahora mismo vas a llevar a Sam, y así la veis los dos. Yo os espero junto a Matt y ya me contaréis. ¡Espera, pero si todavía no os he presentado! Que cabeza la mía, te llamo para eso y se me olvida…
-No importa, ya nos conocemos. –dijo él mirándome.
Una alarma se encendió en mi cabeza y comencé a sudar. Yo no iría con ese a ninguna sala del terror.
-Estupendo, estupendo… -comentó Cloe mientras buscaba con la mirada a Matt, su último fichaje. -¡Ah, ahí estas! Bueno, pues yo me voy con Matt, que os divirtáis…
-¡No! Cloe, espera. –intenté advertirla con la mirada, pero ella se limitó a sonreír y a guiñarme el ojo antes de abandonarme con el tétrico anfitrión.
Me giré hacia él y me tendió el brazo muy galantemente. Suspirando con pesar entrelacé mi brazo con el de él y así me llevó al otro lado de la habitación, luego desaparecimos por una puerta que nos dejó en la oscuridad.

-¿Te da miedo la oscuridad?-me preguntó la voz profunda de Blake muy cerca de mí.
-Sí. –admití.
-Entonces pasarás mucho miedo aquí. - Todavía se escuchaba la música ensordecedora que procedía del otro lado de la puerta, no obstante pude  oír un chasquido y de pronto el fuego de un mechero nos iluminó tenuemente. Blake me sonrió de nuevo, y las sombras que se creaban en su rostro debido a la luz del fuego lo volvieron demoníaco. No podía apartar la vista de sus colmillos. No eran muy grandes, desde luego, pero estaban muy afilados.
-¿Te gustan mis dientes? –me preguntó el sin dejar de mirarme.
-Sí, son muy blancos. –le contesté con un hilo de voz. En respuesta el ensanchó su sonrisa.
Tiró de mi y comenzamos a caminar entre la oscuridad. El Réquiem de Mozart comenzó a sonar, poniéndome los pelos de punta.
-Adoro esta canción. –comentó mi compañero. Yo opté por el silencio.
De pronto una sucesión de imágenes se proyectaron en las paredes y me di cuenta de que caminábamos por un pasillo estrecho. En ellas aparecían ojos a los que se les clavaban agujas, animales muertos en estado de putrefacción, mujeres gritando a las que la cabeza le daba vueltas y un montón de escenas similares. A continuación giramos a nuestra derecha y seguimos caminando por la continuación del pasillo, ahora decorado con telas de araña. Finalmente unas escaleras empinadas se presentaron ante nosotros y al verlas me detuve.
-¿Tenemos que bajar? –le pregunté a Blake conservando la esperanza de volver. Sabía que lo peor estaba por venir, pues hasta ahora no había pasado nada espeluznante.
-Por supuesto, todavía queda lo mejor.
Con resignación bajé detrás de él los peldaños de madera, considerando la posibilidad de salir corriendo y volver a la fiesta. Pero otra parte de mi dijo que eso no era posible, ¿Qué dirían todos de mí? Qué era una miedica y una estúpida por salir huyendo y dejar pasar la oportunidad de estar con un chico tan guapo. Raro, pero guapo. Había que admitirlo.
Siendo pues así mi dilema, continué bajando las oscuras escaleras hasta que tropecé con la espalda de Blake, quien bajó de un salto la distancia de un metro que separaba el último escalón del suelo. Ante esto la llama del mechero se apagó, pero ya no hacía falta porque por increíble que parezca, Matt y los chicos habían instalado antorchas en las paredes de la habitación circular.
-Vamos, te ayudaré. –se ofreció Blake.
Obediente, me agarré a sus hombros y él me sostuvo por la cintura hasta bajarme.
-¿Nadie te ha dicho nunca que tienes unas piernas de lo más apetitosas? –preguntó Blake cuando me bajó y me tenía muy cerca. Era sumamente desconcertante la manera en la que no apartaba su mirada de la mía.
-Creo que el tigre del zoo pensaba algo parecido. –me las arreglé para decir. El sonrió de nuevo y me soltó, para mi gran alivio. Su toque era casi mortal, pues disparaba el latido de mi corazón a grandes velocidades.
-Un tigre listo, entonces.
-¿Dónde estamos? –le pregunté al observar la habitación. Como he dicho era de planta circular  y de las paredes pendían antorchas que se alternaban con puertas negras. Eso ya era más extraño, tenía que ser cosa de la estructura de la casa y los chicos la habían aprovechado. Para mi horror en el centro de la habitación había un ataúd de madera negra con la tapa cerrada. Por lo demás todo estaba vacío.
-En mi cuarto. –ante esto abrí mucho los ojos. –Samantha, ¿nunca te has preguntado que se siente cuando te muerde un vampiro?
La manera en la que pronunció mi nombre completo me dio escalofríos, pero no más que su pregunta.
-Sí. –le contesté nuevamente con la verdad.
-¿Y no te gustaría probarlo? –volvió a interrogarme y esta vez se acercó a mí de nuevo. No pude evitar dar un paso hacia atrás, pero el trozo de pared que precedía a las escaleras me impidió alejarme más.
-Me parece que no.
-¿Por qué no…? –antes de que pudiéramos decir nada más se abrió una de las puertas y en ella apareció la criatura más extraña que haya visto nunca; Bob Esponja.
Sí, Bob Esponja, con sus pantalones cuadrados, su corbata y el gorro de trabajo del Kangre Burger y la espátula en la mano derecha. Lo terrorífico de la imagen era que todo él estaba salpicado de una sustancia roja, al igual que la espátula.
-¿Qué demonios es eso? –Preguntó atónito Blake.- ¿En serio? ¿Bob Esponja? Si lo llego a saber, chicos, no os dejo organizar nada… -y se acercó a la gigante masa amarilla.
Craso error. Suerte que Blake fue rápido y pudo esquivar el terrible golpe que el señor Esponja intentó propinarle con su sangrienta espátula.
-Blake, creo que es de verdad. –le dije con voz trémula.
En un segundo estuvo a mi lado y me empujó por el hueco que subía a las escaleras. Otro segundo más y ya estaba a mi lado.-
-Tenemos que salir de aquí.
Ni siquiera pude pensar en cómo demonios había hecho eso. La única solución es que sus colmillos fuesen de verdad, y dado que Bob Esponja estaba a unos metros de nosotros con la idea de matarnos no me fue muy difícil creerlo.
-¡Corre!
Le obedecí y moví mis piernas lo más rápido que pude, hasta que noté como Blake me cogía en brazos y avanzábamos a gran velocidad por los pasillos con imágenes escabrosas. Me dejó en el suelo cuando llegamos a la puerta, que al girar el pomo no se abrió. Blake me hizo a un lado y aporreó la puerta con sorprendente fuerza pero esta no se movió.
-¿Y ahora qué? –preguntó él a la nada.
         -¿Por qué no le atacas? –le grité.
         -¿Con qué?
         -Con tus colmillos, ¿no se suponen que son para atacar?
         -Son para alimentarme y no puedo morder a Bob Esponja.
         -¿Por qué no? –le pregunté histérica.
         -Porque es una esponja.
¿Para qué demonios sirve un vampiro? Grité de desesperación cuando escuche la insidiosa voz canturrear  <<Estoy listo, estoy listo, estoy listo…>>. Blake me miró con sus ojos maquillados abiertos hasta lo imposible, y un segundo después nuestras miradas se dirigieron al fondo del pasillo cuando vimos aparecer la espátula llena de sangre.
  
FIN

No hay comentarios:

Publicar un comentario

ir arriba dietas para adelgazar